thumb quienessomos2"El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que ya sabe", advierte Aristóteles, ante la necesidad de ascender siempre a nuevos peldaños de educación y sabiduría, para erradicar los malos entendidos. 

Si cada gerente toma conciencia de que, en realidad, es un desarrollador del talento y del buen criterio de los miembros de su equipo, contribuirá a abonar el terreno de la educación, la riqueza más grande que puede tener una persona, una empresa, un país. En su presencia crece la innovación, la flexibilidad para cambiar y la tolerancia a las diferencias. El futuro está en manos de quienes se preparan a sí mismos y a otros para crearlo, desde hoy mismo. 

Según Confucio, la naturaleza humana hace que nos parezcamos y juntemos, pero la educación hace que seamos diferentes y nos alejemos. Por eso, cuanto más culto es todo un país, más conciencia tiene de sus derechos y límites y menos abusos de poder se observan en quienes lo dirigen. En cambio, donde hay ignorancia es más factible que surja la división entre ciudadanos y la prepotencia de dirigentes que no entienden de respeto y sana convivencia; su intelecto no alcanza para tanto. 

El autogobierno personal es un fruto directo de la educación, en su ausencia nace la dictadura de emociones descontroladas, el aislamiento, el estancamiento, la prepotencia y los delirios de victimización para justificar atropello contra seres pensantes y críticos. Las personas educadas son difíciles de manipular con espejismos, dogmas o promesas con efecto sedante a sus inquietudes y necesidades; ellas no tragan ideas sin antes masticarlas con inteligencia. 

Un "gerente educador" convierte su empresa en un aula para la discusión de ideas, la búsqueda de soluciones a problemas colectivos, la transferencia de conocimientos entre sus miembros, el aprendizaje permanente, la adopción de nuevos enfoques y recursos tecnológicos y todo aquello que signifique expandir la mente. Allí todos son discípulos mutuos que jamás se sienten saciados ante su hambre de aprender. 

A tráves de la historia diversos pensadores han insistido en que "se debe educar a los niños para que no sea necesario castigar al hombre" y que solo abriendo escuelas se irán cerrando prisiones". Hoy, es preciso aceptar que las empresas también son escuelas de reflexión, de discernimiento y de eliminación del látigo de la ignorancia. 

Como bien invoca un proverbio chino, los líderes deben comprender que "si se hacen planes para un año, se debe sembrar arroz. Si se hacen planes para dos quinquenios, se debe sembrar árboles; pero si se hacen planes para toda la vida, se debe educar a las personas".

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